Tiempo de Política
Desde el primer momento de la designación de las tres sedes del Mundial de Fútbol 2026 se presentó una inequidad en el número de juegos a jugarse en Estados unidos, México y Canadá.
De los 104 partidos, 78 serán en EU; solo 13 en México y cantidad igual en Canadá. Ambos países se convirtieron en comparsas de la justa mundialista.
Después de ese primer golazo antes de la propia inauguración de la competencia, se viene otra anotación de FIFA con la realización en Atlanta del partido de República Checa contra Sudáfrica, que pertenecen al mismo grupo del que México es cabeza de serie.
Un tercer gol se presenta cuando no se permitió el uso del español en la conferencia de prensa en el Estadio de Nueva Jersey. El personal de la FIFA detuvo a jugadores -como el marroquí Acharaf Hakimi y al Brasileño Vinicius Junior- que intentaban responder preguntas en español, con el argumento que no había traducción remota.
Luego de las fuertes críticas por limitar el uso del segundo idioma más hablado en el mundo en un torneo organizado conjuntamente por México, la FIFA rectificó y confirmó que el español se permitiría en todas las conferencias oficiales.
En el tema económico el futbol ya no será un deporte para ser consumido en los estadios por “las masas”.
En el Estadio Azteca, próximamente Banorte y por ahora “Ciudad de México” en la reventa oficial y las plataformas secundarias los boletos más baratos rondaron entre 30 m mil y 50 mil pesos. En las zonas intermedias el monto fluctuó entre 88 mil y 110 mil pesos.
Los más caros durante la inauguración fluctuaron de 227 mil a 350 mil pesos, cifras todas inalcanzables para el mexicano promedio que alguna vez fue identificado consumidor del deporte de las masas, mientras los de “la alta” practicaban tenis, squash o golf.
El monstruo mercantilista en que se ha convertido la FIFA prohíbe en las transmisiones mencionar el nombre de estadios con marca comercial como el Estadio Banorte -antes Azteca- y el Akron de Guadalajara.
En el terreno deportivo, en este mundial la FIFA goleó al propio fútbol con el invento de “la pausa de hidratación” de tres minutos, que a decir de todos los comentaristas es innecesario, porque corta el ritmo del juego y solo es un pretexto para dar rienda suelta a la comercialización de ese tiempo.
En un estudio realizado por el Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México, la investigadora Illia Alvarado Sizzo explicó que, en un inicio, la Copa Mundial estaba relacionada al encuentro entre pueblos y al espíritu de cooperación internacional, pero con el tiempo, se transformó “en una enorme industria mundial profundamente relacionada con el mercado, el turismo y el capital financiero”.
Por su parte, Luis Alfonso Escudero, investigador de la Universitat de les Illes Balears, de España, sostuvo que el Mundial 2026 se ha convertido en uno de los mayores espectáculos globales del capitalismo contemporáneo:
“La ampliación de hasta 48 selecciones y la concentración en grandes ciudades responden más a la lógica del mercado, de la televisión y de las apuestas deportivas que a la esencia tradicional del futbol y de la experiencia ciudadana del Mundial”.
TIEMPO FUERA.- El deporte ha sido utilizado políticamente: En las olimpiadas de 1936 Hitler quiso demostrar la superioridad de la raza aria y un atleta negro, Jesse Owens, derrotó al nazismo ganando cuatro medallas de oro.
El Mundial de Fútbol de 1978 la dictadura militar de Argentina utilizó el campeonato para pretender fallidamente legitimarse ante el pueblo argentino.
En la llamada “guerra fría” entre los bloques capitalista y comunista, éste con la URSS por delante, arrasó en todos los juegos olímpicos, como propaganda contra el consumismo de occidente.
TIEMPO DE COMPENSACIÓN.- Y en la presente Copa Mundial 2026 ante la estratégica ausencia de la presidenta Claudia Sheinbaum, presumiendo una rechifla por la composición ideológica y monetaria en las gradas, un “visionario” aspirante presidencial Ricardo Salinas Pliego mandó repartir pañuelos blancos con un mensaje de repudio a Morena que no ocurrió y en espera de que su grata presencia invitara al grito de “presidente…presidente”. Pero lo que logró, contraproducentemente, fue el grito de un ocurrente tepiteño que se volvió viral: “Ahí va la perrita de Trump”, un mote que lamentablenente, para sus propósitos electorales, le acompañará para toda la vida.

