TRANSPARENCIA POLÍTICA
Erwin Macario
Sobreviviente mayor —entre 13 estados—, el PRD en Tabasco es la muestra de la debacle de los partidos y la ciudadanización en la política. Su sobrevivencia mató el proyecto que parecía cuajar con Arturo Núñez como el primer gobernador “de izquierda”.
Con Andrés Manuel López Obrador a la cabeza, ambos olían a izquierda. La gente en la calle, en la protesta, en la marcha, en la resistencia contra las altas tarifas de la CFE, en la toma de instalaciones petroleras y de la Plaza de Armas… del “voto casilla por casilla”.
Lo de Núñez fue un “martriarcado”. Gobernó su consorte, Martha. Con tres palabras definió ese fracaso el propio López Obrador: “Me salió puque”.
AMLO abandonó al PRD después de la elección de 2012, al sentir que la dirigencia perredista había pactado con Enrique Peña Nieto. Con Morena logró un partido 100% alineado a su movimiento, suyo, incondicional.
El PRD no se refunda. Sólo se aferra a negociar con el Gobierno. Por la inercia política electoral, el PRD sobrevivió el 2018 pero murió nacionalmente en el 2024. Trece estados se aferraron al sistema, entre ellos el PRD de Tabasco que obtuvo en las urnas un 6.9% en la gubernatura, con Juan Manuel Fócil Pérez y del 6% al 12.4% en las otras votaciones locales, lo que hizo que mientras al PRD nacional le quitaran el registro en septiembre, al PRD tabasqueño, el 25 de octubre 2024, el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Tabasco (IEPCT) le aprobara por unanimidad su registro como partido político local, que sólo puede postular candidatos a gobernador, diputados locales y ayuntamientos.
No es, pues, rival del nepotismo que da armas a la oposición contra Morena, por la presunta candidatura de Andy López en el sexto distrito electoral federal.
Es un partido que sólo quiere mantener el registro y prerrogativas, con políticos que brincan de partido en partido, y sin base social real; que se alimenta recursos públicos, acuerdos cupulares, inercia legal. Un cascarón para negociar posiciones. Vive porque nadie se ha atrevido a desconectarlo de las toma.
Sin un líder como AMLO, sin banderas sociales legítimas, está convertido en un partido de gritos y sombrerazos contra el gobierno de Javier May Rodríguez.
Para las elecciones intermedias (2027) Rafael Acosta León, su actual líder, busca formar un “bloque opositor amplio”. Posible coalición con Unión Democrática por Tabasco, de Humberto de los Santos Bertruy y alianza con Somos México, de Jesús Alí de la Torre, dos cartuchos quemados.
De arriba, con un líder nacional sin registro, no descartan ir solos, aunque también se ha mencionado que en Tabasco plantean ir PRI-PRD, aunque no en Centro, donde por el tricolor iría Andrés Granier.
Javier Cabrera Sandoval, coordinador de la bancada perredista en el Congreso, vaticina que ganarán varias alcaldías por la “inconformidad con Morena”.
Y es que el partido amarillo tiene la caballada muy flaca: además de los citados Fócil, Acosta León y Cabrera se pueden apuntar
Carlota Romero Rodríguez y los otros tres diputados locales Nelson Humberto Gallegos Vaca, Claudia Gómez y Orquídea López Izquierdo.
De aquella izquierda que soñaba con cambiarlo todo… a ésta que sobrevive luchando por mantener su registro.

