Estados Unidos dejó pasar el mecanismo que habría prorrogado automáticamente el T-MEC por 16 años adicionales, lo que abre un periodo de revisiones periódicas del tratado y no, como se ha interpretado en algunos espacios, una salida inmediata de Washington del acuerdo comercial. En ese nuevo escenario, el gobierno mexicano insiste en una fórmula concreta: producir más en la región para reducir el déficit comercial con Estados Unidos, en lugar de depender de importaciones de fuera de Norteamérica.
Qué pasó con la extensión automática del T-MEC
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) confirmó el 1 de julio el arranque de una “revisión conjunta” del T-MEC, el mecanismo que el propio tratado prevé para evaluar su funcionamiento cada cierto tiempo. Al no activarse la extensión automática por 16 años —prevista para cuando los tres socios coinciden en continuar el acuerdo sin cambios—, el T-MEC entra en un esquema de revisiones anuales que, según el diseño institucional del tratado, se extendería hasta 2036, salvo que México, Estados Unidos y Canadá acuerden antes prorrogarlo.
Ese matiz jurídico es relevante porque parte de la cobertura informativa sobre el tema utilizó la expresión “no renovó” en un sentido más político que técnico. En los hechos, el tratado sigue vigente con sus reglas actuales mientras avanza el proceso de revisión, tal como lo establece el propio mecanismo institucional acordado por los tres países.
La propuesta de Ebrard: sustituir importaciones con producción regional
Antes de la revisión conjunta del 1 de julio, el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, y el secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, sostuvieron conversaciones técnicas preparatorias. De acuerdo con un comunicado de la USTR, ambos equipos revisaron opciones para incrementar la producción y el empleo manufacturero en Estados Unidos y México, así como para limitar el uso de insumos que no provienen de economías de mercado dentro de las cadenas de suministro de Norteamérica.
Ese punto coincide con la línea que Ebrard ha planteado públicamente: atender el déficit comercial de Estados Unidos con México a partir de más producción dentro de la región, en lugar de que ese hueco se llene con importaciones de fuera de Norteamérica. La propuesta también empata con lo que la propia USTR había adelantado desde 2025, cuando señaló que la revisión conjunta debía incorporar criterios de inversión, competitividad y seguridad económica regional.
De la extensión de 16 años a la revisión anual
Antes de que se definiera este escenario, la postura mexicana había sido a favor de prorrogar el T-MEC por 16 años, hasta 2042, lo que habría evitado el actual proceso de revisiones periódicas. Washington, en cambio, optó por no activar esa extensión automática, lo que en la práctica traslada la conversación bilateral y trilateral a un terreno de negociación técnica año con año.
El T-MEC, que sustituyó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), entró en vigor en 2020 y desde entonces ha sido el marco regulatorio del comercio entre los tres países de Norteamérica. La revisión conjunta que arrancó el 1 de julio de 2026 está prevista por el propio texto del acuerdo y contempla, entre otros temas, operación del tratado, cumplimiento, inversión y competitividad regional, de acuerdo con la convocatoria pública que la USTR había hecho en 2025.
Las negociaciones van a proseguir
En el discurso político, la referencia al déficit comercial como motivo de la decisión de Washington ha sido recurrente, incluyendo en declaraciones atribuidas al presidente estadounidense Donald Trump. Sin embargo, en los documentos oficiales disponibles hasta ahora, el énfasis más verificable está puesto en el fortalecimiento de cadenas de suministro regionales, las reglas de origen y la reducción de la dependencia de insumos externos, más que en una cifra específica de déficit.
También es un hecho documentado que México y Estados Unidos ya venían trabajando en una agenda técnica previa a la revisión, con reuniones periódicas entre ambos equipos. Ese antecedente da sustento a la idea de que la propuesta de Ebrard no es una ocurrencia de última hora, sino parte de una ruta de negociación que ambos países han construido antes de que se formalizara la revisión conjunta del tratado.

