Los músculos que durante décadas sostuvieron las finanzas nacionales, hoy a apenas soportan el peso de una empresa endeuda, improductiva y cada vez más dependiente.
Por: J.L. Amésquita P.
Hace mucho tiempo, hablar de Pemex era hablar de sinónimo de fortaleza, era el atleta de alto rendimiento de la economía nacional…De sus pozos brotaba el dinero que financiaba carreteras, hospitales, escuelas, universidades, presas, puertos y una buena parte del gasto público…Pemex no era solamente una empresa, era el músculo financiero del país, hoy ese atleta parece caminar con mucha dificultad…La medicina tiene un término para describir esa condición: sarcopenia, es la pérdida progresiva de masa muscular, fuerza y capacidad funcional…La metáfora describe con inquietante precisión el estado actual de Pemex, no se está viendo la caída de una empresa cualquiera, estamos ante la destrucción del principal músculo económico del Estado mexicano…Cuando el músculo se atrofia, todo el cuerpo resiente sus consecuencias, por eso es inadmisible que nadie se haya percatado del debilitamiento de ese cuerpo…Esa enfermedad no comenzó ayer, se incubó durante años entre corrupción, decisiones políticas, sindicato intocable, sobre carga fiscal, inversiones equivocadas, proyectos faraónicos y administraciones que no supieron cómo resolver los problemas estructurales…Tal vez ese sea el pago que deben solventar los mexicanos por darle la oportunidad de gobernar a quienes tienen un noventa por ciento de lealtad a quienes le dieron el empleo y un diez por ciento de sabrá qué…Las evidencias están a la vista, sólo que un agrónomo no las pudo ver, la producción que llegó a superar los tres millones de barriles diarios a principio de este siglo, cayó estrepitosamente por decisiones irracionales…La consecuencia fue inevitable, menos petróleo, menos ingresos, más deuda, mayor dependencia gubernamental…Paradójicamente la empresa que durante décadas financió al gobierno, hoy necesita que el gobierno financie a la empresa, la imagen resulta devastadora…Vivimos sobre una de las regiones petroleras más importantes del continente y sin embargo seguimos importando una parte significativa de los combustibles que consumimos diariamente…Exportamos petróleo, importamos gasolina, exportamos materia prima, importamos valor agregado y eso a todas luces no es soberanía energética, es dependencia administrativa…
Durante el pasado sexenio y como bandera de campaña previamente, se aseguró que se rescataría a Pemex y que se alcanzaría la autonomía energética…La realidad cuenta otra historia, las seis refinerías de Pemex han operado durante largos periodos muy por debajo de su capacidad instalada…Además han estado involucradas en constante accidentes, paros programados, mantenimientos interminables, fallas técnicas, problemas operativos y hasta inauguraciones simbólicas…Mientras otros países refinan más para importar menos, México continua dependiendo de combustibles producidos en refinerías extranjeras y la autosuficiencia energética prometida sigue siendo una meta lejana…Pero existe otra hemorragia menos visible, la administrativa, durante décadas se documentó la existencia de una red dedicada al robo y tráfico de combustible, la promesa fue aniquilar ese mal, la realidad fue peor…Adquirieron miles de pipas para surtir gasolina en todo el país y así tener el control del producto que se expendía, sin embargo hasta hoy no se sabe cuántas fueron, en dónde se encuentran, pero sobre todo, cuáles fueron los resultados…Antes Pemex alimentaba el presupuesto, hoy el presupuesto alimenta a Pemex y entonces aparece un nuevo capítulo, la posibilidad de estrechar una alianza estratégica con Petrobras…Esta empresa brasileña enfrentó problemas muy similares a los que hoy tienen a Pemex en terapia intensiva, sin embargo tomó las mejores decisiones en favor de su pueblo y la limpió desde su interior sin distinción…Hoy con todos sus desafíos, Petrobras compite con estándares internacionales de eficiencia que muchas petroleras estatales quisieran alcanzar…La posibilidad de esa alianza abre una esperanza de rescate de Pemex, sin embargo habría que observar hasta dónde está dispuesto el Estado mexicano a llegar, porque ningún convenio produce petróleo, ningún memorándum incrementa por sí solo la refinación…Las empresas cambian cuando cambian sus prácticas, no cambian cuando el mandatario en turno enuncia discursos nacionalistas que encubren todo el hedor y podredumbre que tienen por dentro…México tienen mucho que aprender de quien logró reconstruirse después de una de las peores crisis corporativa de América Latina…Pero si el convenio responde únicamente por afinidades ideológicas entre gobiernos que privilegian el protagonismo del Estado sobre la discusión técnica, entonces estaremos frente a otra gran simulación…La sarcopenia no desaparece por sentarse junto a un atleta olímpico, el paciente tiene que rehabilitarse, tiene que cambiar hábitos, tiene que entrenar, tiene que aceptar que algo dejó de funcionar y ese parece ser precisamente el problema de Pemex…La actual administración tiene ante sí la oportunidad de diseñar una estrategia energética para los próximos treinta años y no para el siguiente proceso electoral…Porque el verdadero patriotismo no consiste en repetir que Pemex es de todos los mexicanos, consiste en impedir que siga deteriorándose frente a todos los mexicanos…La sarcopenia tiene tratamiento cuando se diagnostica a tiempo, pero también tiene un punto de no retorno…México aún está a tiempo de decidir que quiere hacer con la empresa que fue símbolo de fortaleza en el pasado…Puede seguir administrando su debilidad con inyecciones de recursos públicos, con discursos nacionalistas y promesas sexenales o puede emprender la rehabilitación profunda que durante décadas se ha pospuesto…Porque ningún país puede aspirar a convertirse en una potencia energética cuando el músculo que debía impulsarlo apenas logra mantenerse de píe…Ninguna nación puede construir un futuro sólido sosteniendo sobre los hombros de los contribuyentes a una empresa que alguna vez fue precisamente la que cargó con el peso de toda la nación…Ese panorama puede y debe cambiar, para eso se requiere destruir la “máxima” de 90 % de lealtad y 10 % de conocimiento, aunque quienes tengan esas “características” hayan egresado de las universidades de la 4t…Hasta la próxima.


