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Visión sin números: el talón de Aquiles de Tierra Viva

Alfredo A. Calderón Cámara by Alfredo A. Calderón Cámara
9 julio 2026
in Opinión
0
Visión sin números: el talón de Aquiles de Tierra Viva

Armagedón

“Porque ¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?”
Lucas 14:28

Alfredo A. Calderón Cámara
**[email protected]

Al revisar el columnista la entrevista-propuesta de la Fundación Tierra Viva tiene un mérito indiscutible: intenta colocar sobre la mesa una visión alternativa de desarrollo para Villahermosa. Sin embargo, una visión no es sinónimo de una política pública viable. El documento presenta una narrativa atractiva, pero adolece de un problema recurrente en muchos proyectos ciudadanos: confunde el deseo con la capacidad real de ejecución.

El primer gran vacío es la ausencia de un modelo financiero sólido. Se propone rescatar el MUSEVI, sanear la Laguna de las Ilusiones, transformar el zoológico en un centro de conservación, fortalecer museos, crear un distrito cultural, ampliar infraestructura universitaria y convertir toda la zona en un polo de innovación ambiental.

Cada uno de esos proyectos representa inversiones millonarias y gastos permanentes de operación. Sin embargo, la propuesta no responde las preguntas esenciales: ¿Quién pagará? ¿De dónde provendrán los recursos? ¿Qué porcentaje aportarán los gobiernos, las universidades, la iniciativa privada o los organismos internacionales? ¿Cómo se garantizará el mantenimiento durante los siguientes veinte años?

En materia económica, la propuesta parece asumir que toda inversión en cultura, medio ambiente y educación genera automáticamente desarrollo. La evidencia internacional demuestra algo distinto. Existen numerosos corredores culturales y parques urbanos que terminan convertidos en espacios subutilizados porque nunca alcanzan el flujo de visitantes ni los ingresos previstos. La regeneración urbana es una herramienta, no una garantía de éxito.

La propuesta de la Fundación Tierra Viva incurre en un exceso de optimismo fantasioso, digno de la casa de Salazar Slytherin del Colegio Hogwarts. Plantea -de facto- una coordinación entre gobierno estatal, ayuntamientos, universidades, organizaciones civiles y ciudadanía como si la cooperación fuera mágica, -al más puro estilo de Harry Pooter- cómo si todos esos deseos fueran un hecho natural.

La experiencia demuestra exactamente lo contrario: la coordinación interinstitucional suele ser uno de los principales obstáculos de cualquier proyecto público. No dimensionan que Tabasco apenas está saliendo del barranco en que lo dejo la administración anterior, que mientras más actores participan, mayor es el riesgo de retrasos, conflictos de competencias, cambios políticos y pérdida de continuidad administrativa. Ayer en la entrevista, dicha propuesta más bien parecía una descerebrada venta de espejitos mágicos por oro.

Otro punto débil de la propuesta es la falta de priorización. Ni idea tienen de lo que es el ejercicio de gobierno, quizás desde la Fundación Tierra Viva piensan que moviendo una “varita mágica” de saúco fabricada por Antioco Peverell, la alegórica propuesta será aceptada y resolverá simultáneamente problemas ambientales, educativos, turísticos, económicos, culturales y urbanos ¡Nada que ver!

Ubiquemos: cuando todo es prioridad, en realidad nada lo es. Una política de la agenda pública de Tabasco establece etapas, metas medibles y objetivos concretos. La propuesta, en cambio, parece construir un catálogo de aspiraciones donde todos los proyectos avanzan al mismo tiempo sin explicar cuál debe ejecutarse primero ni bajo qué indicadores se evaluará su éxito o bajo qué presupuesto y de donde saldrá el dinero para ser financiados.

Especial atención merece el rescate de la Laguna de las Ilusiones. Sin duda, es una aspiración legítima, pero técnicamente compleja. La contaminación de cuerpos de agua urbanos responde a factores hidrológicos, descargas residuales, sedimentación y expansión urbana de años y años. Instalar biofiltros puede formar parte de la solución, pero difícilmente constituye una estrategia suficiente. El documento simplifica un problema ambiental cuya recuperación requiere estudios científicos permanentes, monitoreo técnico y compromisos presupuestales de largo plazo.

La transformación del zoológico en un centro de rescate de fauna responde a tendencias internacionales, pero tampoco explica cómo se financiará ni bajo qué modelo operará. Los centros especializados en conservación suelen depender de subsidios permanentes porque la atención veterinaria, la alimentación y la investigación generan costos súper elevados que rara vez se cubren con ingresos propios. Carecen de la verdadera realidad y sólo es una idea que alegremente sueltan al aire.

En el plano político, la propuesta construye una dicotomía demasiado sencilla: vender patrimonio público equivale a perder identidad; conservarlo equivale a generar desarrollo. Simplemente de risa. La realidad es más compleja. Existen bienes públicos cuyo mantenimiento resulta financieramente insostenible y cuya reutilización puede generar beneficios sociales si existe transparencia y planeación. Del mismo modo, conservar infraestructura abandonada sin recursos suficientes puede prolongar el deterioro en lugar de resolverlo.

También resulta cuestionable que vayan a un programa y lo único viable que exhiban es la falta de análisis serios sobre los costos de oportunidad. Cada peso destinado al Distrito Tierra Viva dejaría de invertirse en otros rubros como seguridad, agua potable, drenaje, salud o movilidad urbana. Toda política pública implica elegir entre prioridades. El documento prácticamente evita esa discusión.

Quizá el problema más profundo es metodológico. La propuesta utiliza conceptos como sostenibilidad, innovación, resiliencia, economía circular, regeneración urbana y desarrollo integral sin traducirlos en indicadores verificables. Se habla mucho de visión, pero poco de resultados medibles ¿Cuántos empleos permanentes generará? ¿En cuánto aumentará el turismo? ¿Qué impacto tendrá sobre el PIB municipal? ¿Cuál será la tasa de recuperación de la inversión? ¿En cuántos años alcanzará el punto de equilibrio? Estas respuestas no aparecen, ni idea tienen.

Paradójicamente, la Fundación critica la falta de estudios técnicos para justificar la venta del Centro de Convenciones, pero tampoco presenta un análisis costo-beneficio suficientemente robusto para sustentar su propia alternativa. Exigir evidencia al gobierno obliga también a ofrecer evidencia para la propuesta ciudadana.

En términos de comunicación pública, el proyecto resulta poderoso porque apela a símbolos compartidos: la defensa del patrimonio, la protección ambiental, la educación y la identidad local. Sin embargo, las políticas públicas no pueden evaluarse únicamente por la nobleza de sus objetivos, sino por la capacidad de convertirlos en resultados sostenibles. En síntesis, esa mágica visión sin números: es sin duda: el talón de Aquiles de Tierra Viva.

SÉPTIMO SELLO

Definamos: la postura de la fundación tampoco puede sostenerse únicamente desde el idealismo. Su propuesta requiere demostrar viabilidad financiera, estudios de mercado, esquemas de administración, mecanismos de autosuficiencia y proyecciones económicas verificables. Los proyectos urbanos fracasan cuando se convierten únicamente en buenos deseos adornados con conceptos modernos como “economía circular”, “sustentabilidad” o “reconversión”. Las ciudades no se transforman con discursos, sino con modelos administrativos capaces de sostenerse durante décadas. Para cotorreo, si estuvo buena la entrevista.

SÉPTIMA TROMPETA

Sin embargo, también existe una pregunta que la Fundación Tierra Viva debería responder con claridad: si el gobierno aceptara entregar esos inmuebles para su reconversión ¿Quién administraría los recursos? ¿Qué mecanismos impedirían la captura del proyecto por intereses privados? ¿Cómo se garantizaría transparencia? ¿Qué indicadores medirían su éxito? ¿Cuál sería el costo de rehabilitación? o ¿En cuánto tiempo alcanzaría el equilibrio financiero? Sin esas respuestas, cualquier proyecto corre el riesgo de convertirse en otro “elefante blanco”, fenómeno que Tabasco conoce demasiado bien.

SÉPTIMA COPA

La Fundación Tierra Viva plantea una ciudad deseable. Lo que aún no demuestra es que esa ciudad sea financieramente posible, técnicamente ejecutable y políticamente sostenible. Mientras esas tres condiciones permanezcan sin responder, el proyecto seguirá siendo una visión inspiradora, pero no necesariamente una alternativa de un gobierno que tiene demasiados problemas que resolver.

En planeación pública existe un principio básico: una buena idea no necesariamente constituye una buena política pública. Las propuestas de entrada: deberían superar pruebas de viabilidad técnica, financiera, jurídica, institucional y social antes de aspirar a convertirse en proyectos de gobierno. Vista desde esa perspectiva, la iniciativa de la Fundación Tierra Viva presenta fortalezas conceptuales, pero también impresionantes debilidades estructurales.

Tags: OpinionTabascoTierra Viva

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