El T-MEC y el Tratado de Aguas de 1944 quedaron vinculados dentro de la negociación política entre México y Estados Unidos. El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, advirtió que será difícil avanzar hacia una renovación del acuerdo comercial si el gobierno mexicano no cumple con la entrega de agua a Estados Unidos, refuerza la seguridad fronteriza y coopera en otros asuntos prioritarios para la administración de Donald Trump.
Durante una comparecencia ante el Comité de Finanzas del Senado estadounidense, Greer explicó que el cumplimiento del acuerdo hídrico forma parte de la evaluación general que Washington realiza sobre su relación con México. Aunque el Tratado de Aguas y el T-MEC son instrumentos jurídicos diferentes, Estados Unidos está utilizando ambos temas dentro de una misma negociación política.
La advertencia no significa que el acuerdo comercial haya sido cancelado. El T-MEC continúa vigente hasta 2036, pero la falta de consenso para extenderlo inmediatamente por otros 16 años abrió un periodo de revisiones anuales. Esta situación permite a Washington mantener presión sobre México mientras negocia temas comerciales, agrícolas, fronterizos y de seguridad.
Estados Unidos relaciona el T-MEC y el Tratado de Aguas
Jamieson Greer fue cuestionado por el senador republicano John Cornyn sobre la posibilidad de abordar el retraso mexicano en las entregas de agua durante las revisiones del T-MEC.
El funcionario respondió que al presidente Donald Trump le resultaría complicado aceptar una renovación o revisión favorable del tratado comercial si México no coopera en todas las áreas de la relación bilateral. Entre los asuntos mencionados se encuentran el agua y la seguridad fronteriza.
Greer reconoció que la administración directa del Tratado de Aguas de 1944 corresponde al Departamento de Estado. La Secretaría de Agricultura estadounidense también participa debido a los efectos que la escasez tiene sobre los productores de Texas.
La Oficina del Representante Comercial no administra las presas ni determina la distribución del líquido. Sin embargo, mantiene seguimiento del conflicto porque legisladores, agricultores y organizaciones empresariales solicitaron que sea considerado dentro de las negociaciones con México.
Esta postura aumenta la presión sobre el gobierno de Claudia Sheinbaum, que debe atender simultáneamente el déficit hídrico, las condiciones de sequía en el norte del país y las exigencias estadounidenses relacionadas con el T-MEC.
¿Puede Estados Unidos condicionar legalmente el T-MEC al agua?
El Tratado de Aguas de 1944 y el T-MEC son acuerdos internacionales independientes. El primero regula el aprovechamiento de los ríos Colorado, Tijuana y Bravo, mientras que el segundo establece las reglas comerciales entre México, Estados Unidos y Canadá.
El incumplimiento de una obligación hídrica no provoca automáticamente la cancelación del tratado comercial. Tampoco existe una cláusula del T-MEC que ordene su terminación inmediata cuando alguno de los países tenga una controversia relacionada con el agua.
La presión ocurre en el terreno político. Estados Unidos puede negarse a confirmar la extensión del T-MEC mientras considera que existen problemas pendientes en su relación con México. También puede utilizar las revisiones anuales como espacio de negociación para buscar compromisos adicionales.
Por ello, la declaración de Greer debe entenderse como una condición política para facilitar la extensión del acuerdo, no como un mecanismo automático que combine jurídicamente los dos tratados.
¿Qué establece el Tratado de Aguas de 1944?
El acuerdo firmado el 3 de febrero de 1944 establece la distribución de las aguas internacionales de los ríos Colorado, Tijuana y Bravo entre México y Estados Unidos.
Estados Unidos debe entregar anualmente a México 1,850 millones de metros cúbicos procedentes del río Colorado. México, por su parte, debe proporcionar a Estados Unidos una tercera parte del caudal de seis afluentes mexicanos del río Bravo.
La aportación mexicana no debe ser inferior a 431.7 millones de metros cúbicos anuales calculados como promedio durante periodos de cinco años. Esto representa aproximadamente 2,158.6 millones de metros cúbicos por ciclo quinquenal.
La Comisión Internacional de Límites y Aguas, conocida en México como CILA y en Estados Unidos como IBWC, se encarga de aplicar el tratado, medir las entregas y negociar soluciones cuando se presentan déficits o condiciones extraordinarias.
El documento contempla la posibilidad de que una escasez extraordinaria provocada por sequía o accidentes en los sistemas hidráulicos impida completar las entregas. En esos casos, el faltante puede reponerse durante el ciclo siguiente conforme a los acuerdos establecidos por ambos países.
La sequía complicó la entrega de agua a Estados Unidos
México ha explicado que la sequía prolongada redujo considerablemente la disponibilidad de agua en las cuencas del norte. El problema afecta a las presas, a los sistemas municipales y a los distritos de riego de estados como Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.
La situación creó una disputa sobre cómo cumplir las obligaciones internacionales sin comprometer el abastecimiento de las comunidades mexicanas y la producción agrícola nacional.
Durante el ciclo anterior, México acumuló un déficit que provocó reclamos de agricultores y legisladores de Texas. Los productores argumentan que la falta del recurso perjudicó cultivos, empleos y actividades económicas en el Valle del Río Grande.
El gobierno mexicano sostiene que las entregas dependen de la cantidad de lluvia, los escurrimientos y el almacenamiento disponible. Claudia Sheinbaum ha señalado que el cumplimiento debe realizarse mediante acuerdos técnicos que consideren las condiciones reales de cada año.
México prometió una entrega mínima anual
En febrero de 2026, ambos gobiernos anunciaron que México buscaría entregar al menos 350 mil acres-pie de agua al año durante el ciclo quinquenal vigente. Esta cantidad equivale a aproximadamente 431.7 millones de metros cúbicos.
También se acordó preparar un plan para atender el déficit pendiente. El esquema considera revisiones periódicas para evaluar las lluvias, los niveles de almacenamiento y la disponibilidad de líquido en las cuencas mexicanas.
El compromiso ofrece mayor previsibilidad a los agricultores de Texas, pero su cumplimiento continúa sujeto a factores meteorológicos. Una temporada insuficiente de lluvias podría obligar a modificar calendarios y volúmenes mediante la CILA.
La entrega no consiste en transportar agua desde cualquier estado
El Tratado de Aguas no permite exigir indiscriminadamente líquido de cualquier presa mexicana. Las obligaciones se calculan con base en los cauces, afluentes y sistemas contemplados dentro del acuerdo internacional.
Las aportaciones mexicanas proceden principalmente de los ríos Conchos, San Diego, San Rodrigo, Escondido, Salado y Arroyo de Las Vacas. También pueden contabilizarse otros volúmenes conforme a los acuerdos alcanzados por la comisión binacional.
Esta precisión es importante porque una exigencia de mayor entrega puede afectar de manera diferente a cada región. Los gobiernos deben considerar la disponibilidad de las cuencas, el consumo humano, la agricultura y la conservación ambiental antes de autorizar movimientos extraordinarios.
Seguridad fronteriza también influye en la revisión del T-MEC
La seguridad fronteriza y el T-MEC forman parte de una negociación más amplia impulsada por la administración Trump. Aunque Greer reconoció que la política migratoria y de seguridad no se encuentra bajo su jurisdicción directa, indicó que Washington espera cooperación mexicana en esos asuntos para mantener una relación comercial favorable.
Estados Unidos ha relacionado en distintos momentos los aranceles y el acceso a su mercado con medidas para reducir la migración irregular, combatir el tráfico de fentanilo y aumentar el control sobre las cadenas de suministro.
México defiende que la relación debe basarse en cooperación sin subordinación. Sin embargo, la integración económica permite a Washington utilizar el comercio como una herramienta de presión sobre asuntos que formalmente se encuentran fuera del texto del acuerdo.
El T-MEC no terminó en julio de 2026
La decisión estadounidense de no extender inmediatamente el T-MEC generó dudas sobre su vigencia. Sin embargo, el acuerdo no desapareció ni dejó de aplicarse.
El artículo 34.7 establece una vigencia inicial de 16 años desde su entrada en vigor, ocurrida el 1 de julio de 2020. Por lo tanto, el tratado continúa legalmente activo hasta el 1 de julio de 2036, salvo que alguno de los países decida retirarse mediante el procedimiento correspondiente.
Cuando los tres socios confirman durante una revisión conjunta que desean mantenerlo, la vigencia puede extenderse automáticamente por otros 16 años. Si alguno no confirma la extensión, comienzan revisiones anuales durante el tiempo restante.
Eso es lo que sucede actualmente. Estados Unidos no aceptó extenderlo en su forma actual, por lo que México, Canadá y la administración Trump deberán reunirse cada año para revisar los asuntos pendientes.
La posibilidad de extenderlo permanece abierta. Los tres gobiernos pueden alcanzar un acuerdo antes de 2036 y confirmar por escrito que desean renovar su duración.
¿Qué podría pasar si México no cumple con la entrega de agua?
Un incumplimiento prolongado aumentaría las tensiones diplomáticas y fortalecería las exigencias de legisladores texanos para aplicar sanciones. Algunos sectores estadounidenses buscan que el gobierno utilice aranceles, restricciones comerciales u otras medidas de presión.
No obstante, cualquier sanción deberá tener una base jurídica. Estados Unidos no puede suspender automáticamente beneficios del T-MEC únicamente por una controversia que pertenece a otro tratado sin justificar la medida mediante sus leyes o los procedimientos comerciales correspondientes.
Washington sí puede negarse a respaldar la extensión del acuerdo, abrir negociaciones sobre productos específicos o imponer medidas unilaterales bajo su legislación interna. México tendría entonces la posibilidad de responder diplomáticamente o recurrir a mecanismos de solución de controversias cuando corresponda.
La incertidumbre puede afectar decisiones de inversión incluso si el tratado continúa vigente. Las empresas necesitan reglas estables para instalar plantas, contratar trabajadores y organizar cadenas de suministro que operan durante varios años.
Tamaulipas queda en el centro de la disputa hídrica
La controversia tiene una importancia especial para Tamaulipas porque el río Bravo abastece ciudades, distritos agrícolas y actividades económicas en ambos lados de la frontera.
Las presas internacionales La Amistad y Falcón son fundamentales para almacenar y distribuir agua entre México y Estados Unidos. Una reducción prolongada de sus niveles puede afectar el consumo urbano, el riego y la capacidad de cumplir compromisos internacionales.
Matamoros, Reynosa y otros municipios fronterizos dependen de sistemas conectados con la cuenca del río Bravo. Por ello, las negociaciones no solamente involucran a los gobiernos federales, sino que tienen consecuencias directas para agricultores, organismos operadores y familias de la región.
Una entrega extraordinaria sin suficiente disponibilidad podría aumentar la presión sobre los usuarios mexicanos. Por el contrario, mantener un déficit afecta a los productores texanos y eleva la posibilidad de medidas políticas contra México.
México enfrenta una negociación más amplia con Estados Unidos
La advertencia de Greer muestra que la revisión del acuerdo comercial ya no se limita a exportaciones, reglas de origen o aranceles. Washington pretende evaluar la cooperación mexicana como un conjunto que incluye agua, migración, seguridad y combate al tráfico de drogas.
Para México, el reto consiste en defender la separación jurídica de los tratados sin ignorar que Estados Unidos puede relacionarlos durante la negociación política.
El gobierno mexicano también necesita garantizar transparencia sobre los volúmenes entregados, los niveles de las presas y las medidas destinadas a mejorar la eficiencia del riego. La tecnificación agrícola, reparación de canales y reducción de fugas pueden liberar agua sin trasladar todo el costo a productores o ciudades fronterizas.
El futuro del T-MEC y el Tratado de Aguas dependerá de acuerdos técnicos, lluvias suficientes y decisiones políticas. Mientras continúen las revisiones anuales, Estados Unidos conservará la posibilidad de usar la extensión comercial como herramienta de presión.
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