Armagedón
Por sus frutos los conoceréis. Mateo 7:16
Alfredo A. Calderón Cámara
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La escena ocurrida en un avión de Aeroméxico no fue solamente una discusión entre dos adversarios políticos. Fue, en realidad, una radiografía brutal del deterioro de la oposición tabasqueña, de su incapacidad para construir una alternativa seria de gobierno y de la forma en que algunos personajes derrotados siguen sustituyendo el trabajo político por la emboscada audiovisual
Veamos: Lorena Beaurregard encontró al gobernador Javier May Rodríguez sentado en un asiento Premier y decidió convertir el pasillo del avión en tribunal, estudio de televisión, mitin electoral y patíbulo político. Se enroscó el teléfono, comenzó a grabar y acusó al mandatario de hipocresía por viajar en uno de los primeros asientos mientras, -según su dicho-, Tabasco enfrenta desempleo, inseguridad, falta de medicamentos y crisis económica
May con formación, sonrió y respondió inicialmente que la aerolínea le había otorgado un ascenso, -el cual las aerolíneas dan a los viajeros frecuentes-. Cuando Beaurregard elevó el tono y habló de un supuesto “narcogobierno de Morena”, el gobernador contestó que los narcogobiernos eran los de ellos y los llamó ladrones. La discusión escaló hasta que intervino una señorita sobrecargo
La grabación acredita que Javier May viajaba en la cabina Premier. No demuestra, por sí misma, quién pagó el boleto, cuánto costó, si fue adquirido con recursos públicos, ni si hubo algún gasto irregular. La propia cobertura del episodio señala que el gobernador aseguró haber recibido un ascenso, mientras que las acusaciones intercambiadas durante la discusión no fueron acompañadas de documentos o pruebas dentro del video por Beaurregard
Esa diferencia es fundamental. Una cosa es cuestionar legítimamente la austeridad de un gobernante y otra muy distinta es dictar sentencia a partir de la ubicación de un asiento. El asiento no era la noticia: la noticia era la emboscada. Lorena Beaurregard tenía derecho a preguntar. Todo ciudadano puede cuestionar a un gobernador sobre sus viajes, gastos, viáticos y congruencia con el discurso de austeridad
El poder público no es una congregación religiosa como Asambleas de Dios donde la fe sustituye a la rendición de cuentas. Pero lo realizado por Beaurregard no tuvo la estructura de una pregunta periodística ni de un ejercicio serio de fiscalización. No solicitó información sobre el origen del boleto, no exhibió una factura, no presentó un reporte de viáticos, no mostró una comprobación presupuestal y tampoco acreditó que el asiento hubiera sido pagado por el Gobierno de Tabasco
Dimensionemos: primero construyó la condena y después grabó la escena. Su objetivo no parecía ser obtener información, sino fabricar un momento viral. La política reducida a teléfono celular: se localiza al adversario, se activa la cámara, se pronuncia una acusación y se espera que el algoritmo haga el trabajo que durante años no pudo realizar la estructura partidista ¿El escándalo sacó del último lugar electoral al PRI y al PAN ¡No!
Así, con sentencia previa, Beaurregard de los Santos convirtió la cámara en jurado, juez y verdugo. El pasillo del avión, en plaza pública. El número de reproducciones, en sustituto de los votos que nunca llegaron, aquél paupérrimo 4.17%, ridículos 45 mil 449 votos, fuente de odios y resentimientos ante el 80.52% de los 878 mil 298 votos del actual gobernador. Nunca en la historia de Tabasco un priista unido al PAN había sido arrastrado de manera tan humillante. La diferencia fueron sólo 832 mil 849 votos
Es la política del acosador audiovisual: no importa esclarecer, sino sorprender; no interesa probar, sino provocar; no se busca que el adversario explique, sino que pierda la paciencia. Después se recorta el video, se redacta una frase incendiaria y se presenta la reacción como confirmación de la acusación inicial. La maniobra es conocida. Se hostiga hasta obtener una respuesta áspera y luego se exhibe la aspereza como si hubiera aparecido espontáneamente. El prodigioso arte de encender el fuego y después denunciar el humo
Políticamente, la respuesta de Javier May tuvo eficacia porque rompió el libreto preparado por Beaurregard. Ella esperaba encontrar a un gobernador silencioso, incómodo o evasivo. Encontró a uno dispuesto a responder. La frase sobre los “rateros” y los “ladrones” cambió la dirección del ataque. Beaurregard dejó de ser la fiscal improvisada y quedó nuevamente colocada dentro del bloque político que gobernó Tabasco durante décadas. El golpe se volvió contra quien lo había lanzado
Javier May es gobernador. Su palabra tiene el peso del Poder Ejecutivo. Puede defenderse con firmeza, pero debe evitar que cada provocación lo arrastre al terreno verbal escogido por sus adversarios. La respuesta de May fue políticamente equilibrada, pero la responsabilidad de gobernar exige algo más que ganar un intercambio verbal. Exige no permitir que la agenda pública sea secuestrada por la provocación de una adversaria cuyo principal capital político tiene como brasas humeantes: el odio y el resentimiento de haber sido humillada en las urnas
El problema de fondo no es el video del avión. Es la trayectoria política que el video resume. Durante la campaña de 2024, Beaurregard apostó de manera desproporcionada por las redes sociales, las grabaciones personales, los recorridos audiovisuales y las acusaciones contra Javier May. Exageró ante el PRI y PAN, nunca realizó una verdadera campaña: su candidatura nunca consiguió convertirse en un movimiento ciudadano competitivo. Fue una campaña de apariencia diseñada para generar clips, no para ganar secciones electorales
Mientras otros candidatos construyen estructuras territoriales, representantes de casilla, redes comunitarias y propuestas sectoriales, Beaurregard edificó una especie de candidatura de escaparate: parques municipales, cafés, transmisiones, entrevistas, retos públicos y acusaciones recurrentes. La disque campaña tuvo apariencia, pero no musculatura. Tenía cámara, pero no territorio. Tenía adjetivos, pero no organización. Tenía indignación, pero no mayoría
El resultado electoral fue devastador. La estadística oficial del IEPCT registra 878 mil 298 votos para Javier May Rodríguez, equivalentes a poco más del 80.5 por ciento de la votación válida, frente a 45 mil 449 votos obtenidos por Lorena Beaurregard, aproximadamente 4.17 por ciento. Eso, aquí y en China: no fue una derrota ordinaria. Fue una demolición electoral horrible y espantosa
Beaurregard había declarado en julio de 2022 que existía un gobierno de Morena, pero que Morena como partido era “inexistente”. Dos años después, ese partido supuestamente inexistente consiguió más de 878 mil votos para la gubernatura y redujo a la candidata del PRI-PAN a la última posición. La distancia fue de más de 832 mil votos
Ubiquemos con seriedad: no existe video, discusión aérea ni publicación estridente capaz de borrar semejante veredicto ciudadano. La máxima sigue vigente: “Genio y figura, hasta la sepultura” la ex candidata prianista Lorena Beaurregard, despreciada por la ciudadanía y humillada en las urnas, todavía no logra comprender y sigue en la política del celular, aunque 832 mil votos pesan más que un video
SÉPTIMO SELLO
La inocultable e histórica realidad sentenció que la candidata opositora Lorena Beaurregard en las pasadas elecciones fue incapaz de conectar con la sociedad. Negarse a estudiar esa derrota y atribuirla únicamente a manipulación, clientelismo o ignorancia popular constituye una forma arrogante de despreciar al electorado. Beaurregard no perdió porque le faltaran videos. Perdió porque le faltó política
El fracaso no fue solamente personal. La candidatura común PRI-PAN arrastró consigo a las estructuras que la postularon. Conviene realizar una precisión técnica que el lenguaje político suele atropellar con singular entusiasmo: el PAN no perdió su registro nacional por el resultado de la gubernatura. El IEPCT determinó la pérdida de su acreditación local ante el Consejo Estatal, al no alcanzar el porcentaje requerido en la elección correspondiente
SÉPTIMA TROMPETA
Es decir, la organización continuó siendo partido político nacional, pero perdió derechos y prerrogativas dentro del ámbito electoral tabasqueño. La precisión jurídica no reduce la gravedad política. Al contrario, la vuelve más clara. Una candidatura presentada como la gran alternativa frente a la herencia maldita de Adán Augusto y Merino Campos terminó con una horrible votación marginal y la pérdida de la acreditación local del PAN, que terminó en calidad de minusválido político peleando en una silla de ruedas por conservar presencia institucional
SÉPTIMA COPA
En cuanto al PRI, su situación no fue mucho mejor. El antiguo partido hegemónico comandado por Alejandro Moreno pateó por los suelos a Manuel Andrade, en el pecado llevó la penitencia y quedó exhibido como una estructura incapaz de producir un liderazgo competitivo. La alianza no sumó fortalezas; acumuló debilidades. Beaurregard no rescató al PRI ni fortaleció al PAN. Con sus videos de combis, camiones y cafés sólo administró la derrota de ambos

