Tiempo de Política
Salvador Fernández Nieto
Un proceso de examen de admisión escandalosamente fallido; una rectoría cuestionada en lo académico, administrativo e incluso con sospecha de corrupción, exhibe penosamente a la máxima casa de estudios del país.
Fundada legalmente en 1910, la Universidad Nacional de México, en 1929 obtiene su carácter de autonomía para darle su nombre actual, UNAM, que tiene su antecedente con la Real y Pontificia Universidad de México desde 1551, es decir, cuenta con una historia de 475 años de antigüedad.
En mi paso por sus aulas de 1976 a 1980 para cursar la carrera de Ciencias de la Comunicación y Periodismo, los estudiantes podíamos escoger con qué maestros cursar las materias, seleccionando a los docentes por su prestigio e incluso por sus posiciones ideológicas de izaquierda, la mayoría, centro, e incluso de derecha, la minoría.
Entre alumnos y catedráticos había claridad que en la UNAM cabián comunistas, socialistas, pro priistas, pro panistas, sin filiación alguna, pero menos fascistas.
A partir de 1968 se ascendró el perfil izquierdista de la UNAM, alejado del centro priista, con el que se le identificaba entre las instituciones de educación superior del país. Se presumía que debido al paso por sus aulas y centros de investigación de grandes pensadores mexicanos, la UNAM era la conciencia de nuestro país.
En el sexenio pasado, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador señaló a la UNAM de haberse “derechizado”. No me quedó claro si se refería solo al perfil de los últimos rectores o incluía a los catedráticos, que la habría convertido en el ITAM, la Ibero de los pobres.
Con estos antecedentes, el actual rector Alejandro Lomelí y su equipo administrativo enfrentan el descrédito del fracasafo proceso de examen de admisión para el nuevo ciclo escolar universitario.
La contratación por 33 millones de una empresa para aplicar los exámenes en lìnea y a distancia a 158.000 aspirantes para un total de 22.000 lugares, sin candados efectivos para que no se mal usara la inteligencia artificial.
El nivel de calificaciones casi perfectas exhibiío el masivo fraude estudiantil y la irresponsabilidad de las autoridades universitarias, con el agregado de sospecha de corrupción al contratar a una empresa ineficiente.
Después del escándalo, el examen se repondrá ahora de manera presencial para evitar que aspirantes recurran a la IA.
Pero el fallido proceso de admisión no debe terminar con su reposición academica. A falta de honestidad y vergüenza de las autoridades universitarias encabezadas por su rector Lomelí, que no han presentado su renuncia, debe solicitarcelas el patronato universarario, la máxima jerarquía de la UNAM.
Igualmente, es hora de revisar los criterios que deben cubrir los aspirantes. Para que la UNAM tenga realmente un carácter nacional, las 32 entidad de la República deben acceder con una cuota por población, para que estén los mejores universiatorios de todo el país.
La UNAM no debe ser solo para los capitalinos de la CDMX.
También debe valorarse académicamente si es correcto crear universidades sin ton ni son en los estados y en la propia CDMX o destinar esos recursos para abrir facultades y escuelas bajo la rectoría de la UNAM, el Instituto Polítecnico Nacional, etc. La calidad y el prestigio de los egresados será abismal.
De esta suerte, n o se ofrecería como última opción para los rechazados por la UNAM y el IPN las Universidades para el Bienestar Benito Juárez y la Universidad Nacional Rosario Castellanos.
TIEMPO FUERA.- Crear refugios académicos y politizados, no garantiza que los futuros profesonistas de esos nuevos centros de estudios, puedan contribuir a que México compita contra las economías industrializadas de nuestros vecinos del norte, Europa y los tigres asiáticos. Los votos no generan tecnología.

