Petróleos Mexicanos (PEMEX) concentra recursos, tiempo y capital político en dos proyectos que pueden levantar o hundir la curva de producción en la próxima década.
La apuesta sexenal en Trion y Zama
La apuesta sexenal en Trion y Zama no surge de la nada; responde a la caída persistente de campos maduros y a la urgencia de mantener una plataforma cercana a 1.8 millones de barriles diarios de hidrocarburos líquidos. Para 2026, el plan de inversión de la petrolera y sus socios ronda los 424–425 mil millones de pesos, con más de 80% dirigido a exploración y producción, una concentración que deja claro dónde se va a jugar el sexenio.
En ese paquete, Trion recibe alrededor de 33 mil millones de pesos y Zama unos 29 mil millones, mientras Maloob suma 17 mil millones como sostén del complejo Cantarell. El gobierno no reparte el dinero: lo carga sobre unos cuantos campos que, si no cumplen las metas, dejarán un hueco difícil de tapar en ingresos, empleo y suministro de combustibles.
Trion: frontera geológica y política
El campo Trion se ubica en aguas ultraprofundas del Golfo de México, dentro del Cinturón Plegado Perdido, una provincia geológica que empuja a México a operar a más de 2,500 metros de tirante de agua y a perforar debajo de estructuras salinas complejas. Para la empresa, Trion no solo abre una frontera física, también marca la forma en que busca trabajar con socios privados sin soltar la batuta sobre los recursos.
Woodside Energy opera Trion con 60% de participación, mientras Pemex mantiene 40% y una expectativa de inversión total cercana a los 10 mil millones de dólares. El calendario interno apunta a primera producción en 2028 y a un pico de entre 109 y 120 mil barriles diarios hacia 2030, con alrededor de dos tercios de los recursos recuperables extraídos en los primeros diez años. Si las proyecciones se cumplen, Trion dejará una huella visible en las finanzas públicas; si tropieza, exhibirá las costuras técnicas y financieras de la petrolera.
Zama: laboratorio de la alianza público‑privada
Zama nació como hallazgo de una empresa privada y terminó como campo integrado bajo operación de Pemex junto con Talos Energy, Wintershall Dea y Harbour Energy. El plan de desarrollo ingresado a los reguladores contempla dos plataformas fijas, 46 pozos y un sistema de transporte de crudo y gas hacia nuevas instalaciones en la Terminal Marítima de Dos Bocas, Tabasco.
Las estimaciones sitúan el pico de Zama en 180 mil barriles diarios de aceite ligero y más de 70 millones de pies cúbicos de gas hacia 2029, suficientes para aportar alrededor de 10% de la producción nacional actual. Buena parte de ese volumen está pensado para alimentar la refinería de Dos Bocas, lo que amarra el éxito del campo a la operación estable de la planta y al plan oficial de reducir importaciones de combustibles. Si el calendario se recorre o los costos se disparan, el golpe se sentirá en la caja de la empresa y en la disponibilidad de combustibles para el mercado interno.
Más allá del sexenio
En los documentos de planeación, Trion y Zama figuran entre los 12 proyectos estratégicos para el periodo 2025‑2030, con la meta de mantener la producción de petróleo y llevar el gas natural a alrededor de 4 mil 500 millones de pies cúbicos diarios. Junto con Ixachi, Bakté y Burgos, buscan sostener la seguridad energética mientras se modernizan refinerías y se discuten, todavía sin mucha prisa, opciones de transición energética.
Detrás de las cifras queda una pregunta incómoda: qué pasará con las finanzas públicas, el empleo y la política energética si Trion y Zama no alcanzan los niveles prometidos.
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