La mayor planta de metanol limpio del mundo estará en México
La mayor planta de metanol limpio del mundo estará en México y se levantará frente al mar de Topolobampo, en Sinaloa, con un proyecto que ya empezó a mover capitales, empleos y expectativas en la región. Pacífico Mexinol, como se conoce al complejo, se perfila como un punto de inflexión para la industria de combustibles de bajas emisiones, al unir gas natural, hidrógeno y tecnologías de captura de carbono en una sola operación de gran escala. Detrás de las cifras aparece una pregunta práctica: cómo se transforma un puerto del Pacífico en puerta de salida de combustibles más limpios hacia Asia.
La mayor planta de metanol limpio del mundo estará en México y tendrá como núcleo una instalación diseñada para producir metanol azul y verde a gran escala, a partir de gas natural y de hidrógeno generado con energías renovables. El proyecto busca aprovechar la posición geográfica de Sinaloa, conectada por gasoductos con Estados Unidos y por mar con los grandes centros industriales de Japón y otros países del Pacífico. En el papel, se trata de un cambio de escala: de un puerto acostumbrado al comercio agroindustrial a un nodo energético pensado para la descarbonización global.
Pacífico Mexinol: cifras que mueven el puerto
Pacífico Mexinol nace de la mano de Transition Industries, empresa estadounidense enfocada en hidrógeno y metanol con cero emisiones netas, en alianza con consorcios constructores de Corea del Sur, Italia y México. Los planes apuntan a una capacidad anual cercana a 1.8 millones de toneladas de metanol azul y 350 mil toneladas de metanol verde, hasta sumar alrededor de 2.1 millones de toneladas al año. Con una inversión que se calcula en 3,300 millones de dólares, el proyecto se coloca entre los de mayor peso económico que haya recibido Sinaloa en las últimas décadas.
El diseño técnico del complejo incorpora sistemas de captura de emisiones y uso intensivo de agua residual tratada, en lugar de extraer volúmenes adicionales de fuentes naturales. La empresa plantea integrar uno de los programas de reciclaje de aguas industriales más grandes del mundo para este tipo de planta. A ello se suma la instalación de equipos para producir hidrógeno verde in situ, lo que reduce desplazamientos de insumos y refuerza el carácter de “planta anclada en la transición energética”, más que en el modelo fósil tradicional.
Gas natural, contratos y salida al Pacífico
La operación de Pacífico Mexinol se apoya en un contrato de suministro de gas natural firmado con CFEnergía, filial de la Comisión Federal de Electricidad. Este acuerdo garantiza alrededor de 160 millones de pies cúbicos diarios de gas, aprovechando gasoductos ya tendidos y la importación desde Estados Unidos. El combustible se convierte así en columna vertebral del metanol azul, mientras el componente renovable y de hidrógeno sostiene la porción verde del proyecto, con un plan de operación a largo plazo.
La costa de Topolobampo funciona como salida natural de esa producción hacia Asia. La cercanía con rutas marítimas consolidadas evita desvíos largos o escalas innecesarias y da margen para contratos de suministro estables. El puerto, tradicionalmente asociado a granos, fertilizantes y carga diversa, se prepara para convivir con un flujo constante de buques vinculados al nuevo complejo de metanol.
Japón asegura la mitad de la producción
El giro internacional del proyecto se amarra con un acuerdo de compraventa de largo plazo con Mitsubishi Gas Chemical (MGC), que reservó aproximadamente la mitad de la producción anual de Pacífico Mexinol. El convenio fija el suministro de alrededor de un millón de toneladas métricas por año de metanol de ultra bajas emisiones durante al menos diez años. Para la empresa japonesa, el contrato abre una vía estable para alimentar cadenas industriales que necesitan reducir su huella de carbono sin frenar su ritmo de producción.
Esta alianza consolida a México como proveedor de metanol limpio para sectores como el químico, el automotriz y el energético en Japón y otros mercados asiáticos. Al mismo tiempo, da visibilidad internacional a un proyecto ubicado en un estado cuya actividad económica había girado, sobre todo, en torno a la agricultura y la pesca. En el camino, actores como la Secretaría de Energía (SENER) y reguladores del país se colocan bajo la lupa de inversionistas, cortes y especialistas, con la expectativa de que no existan decisiones que terminen frente a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) por cambios de reglas a mitad del partido.
Empleo local y dudas que vienen
En Sinaloa, las cifras de empleo suenan concretas: miles de puestos durante la construcción y cientos de plazas permanentes cuando la planta esté en marcha. Comerciantes del puerto, transportistas y prestadores de servicios empiezan a ajustar planes, desde renta de vivienda hasta oferta de logística. Al mismo tiempo, persisten preguntas sobre los efectos ambientales acumulados en la bahía y sobre la capacidad institucional para vigilar el cumplimiento de cada permiso otorgado.
La instalación de Pacífico Mexinol deja al descubierto una tensión conocida: la urgencia de atraer inversión y empleo, frente al riesgo de reproducir viejas prácticas extractivas ahora envueltas en un discurso de descarbonización. Mientras las tuberías y estructuras metálicas suben en el horizonte de Topolobampo, la discusión sobre quién gana, quién pierde y quién vigila se vuelve menos teórica y más cotidiana.
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