Rapiña de ganado exhibe a Tabasco en plena carretera
Un tráiler cargado con reses volcó en el kilómetro 30 de la carretera Villahermosa–Macuspana y, con él, se vino abajo un pedazo del puente peatonal y de la confianza en el comportamiento colectivo. En minutos, lo que era un accidente vial se convirtió en un corredor de saqueo, con cuerpos de animales en el suelo y grupos de personas peleando por pedazos de carne.
Las tomas difundidas en redes muestran el tráiler atravesado, la estructura metálica vencida y decenas de reses tiradas o heridas sobre el asfalto caliente. El conductor fue atendido por servicios de emergencia, mientras la Guardia Nacional intentó armar un cerco para controlar el paso. Esa línea de contención duró poco: la multitud la rebasó a paso firme, entre gritos, lazos y camionetas que entraban y salían cargadas.
Del accidente al saqueo abierto
De un lado estaban los restos del puente y las maniobras de grúas de carga pesada, del otro una fila improvisada de gente que jalaba reses aún vivas. Hombres y mujeres amarraron patas y cuernos, arrastraron a los animales entre varios y los subieron a la caja de pick ups y vehículos particulares. Algunos ni siquiera esperaron a moverlas: con cuchillos y machetes, destazaron ahí mismo a las reses para llevarse trozos de carne fresca, sin frío, sin inspección y entre charcos de sangre.
La rapiña fue rápida. En menos de una hora ya se hablaba de decenas de cabezas desaparecidas y de un tramo carretero casi convertido en corral y rastro improvisado. Rapiña de ganado exhibe a Tabasco porque mostró a simple vista una práctica normalizada: cuando algo se cae, muchos sienten que es de quien llegue primero, sin importar la ley ni el dueño.
Negocio, vergüenza y vacío de autoridad
Desde el sector empresarial, la Cámara Nacional de Comercio (Canaco Servytur) en Villahermosa se colocó en el centro de la discusión al calificar la escena como una vergüenza para el estado y una señal de alerta para quien invierte o mueve mercancías en la región. Para los transportistas, el golpe no solo se mide en pesos, sino en la sensación de que, además del riesgo en la carretera, cargan con la amenaza del saqueo si algo sale mal.
Las autoridades locales hablan de posibles denuncias por robo y abigeato, apoyadas en los videos donde se distinguen rostros, placas y vehículos. Mientras tanto, el mensaje que quedó flotando es otro: la ley llegó tarde y se fue pronto, mientras el botín se repartía a la vista de todos. La discusión sobre castigos y responsabilidades se cruza con preguntas incómodas sobre pobreza, necesidad y costumbre.
Salud pública y cicatriz social
La carne levantada del suelo, entre polvo, combustibles y calor, terminó en parrillas, ollas y refrigeradores domésticos sin pasar por una sola revisión sanitaria. Médicos y especialistas advierten que no se trata solo de “aprovechar” lo que se iba a perder, sino de un riesgo directo de enfermedades que nadie rastreará después. El episodio deja también una cicatriz social: muchos quedaron expuestos en esos videos sea cargando una res, mirando en silencio o simplemente compartiendo las imágenes desde el teléfono.
La escena ahí quedó, las reses se retiraron y el tráfico volvió a fluir, pero la pregunta también ahí queda: ¿Qué pasará la próxima vez que un tráiler se voltee en esa misma curva?
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