Democracia virtual: Sálvese quien pueda
Eugenio Hernández Sasso
El rumor de que Adán Augusto López Hernández y su cuñado Rutilio Escandón Cadenas se han convertido en “orejas” de la DEA ha empezado a sonar tan fuerte que los políticos mexicanos voltean a ver si, a ese nivel, empiezan a brincar del barco llamado Morena.
Las versiones periodísticas que colocan a Adán Augusto López Hernández y a Rutilio Escandón como presuntos colaboradores de la DEA han provocado un auténtico temblor político en México.
Si bien es cierto que hasta ahora no existen pruebas públicas ni confirmación oficial por parte del gobierno de Estados Unidos, y la presidenta Claudia Sheinbaum, Morena y los propios señalados han rechazado categóricamente esas versiones, la duda ya está sembrada.
Aquí no sólo cuentan las pruebas, también pesa la percepción, puesto que si algún día esas versiones llegaran a confirmarse, el golpe sería de dimensiones históricas para el país.
Este no sería únicamente un problema para dos personajes políticos que decidieron salvar el pellejo, sería un impacto directo al corazón de la Cuarta Transformación.
Si dos figuras de ese nivel estuvieran proporcionando información a una agencia estadounidense, el mensaje sería devastador pues evidenciaría mayor confianza en la justicia de Washington que en la de su propio país, además de alta traición a la patria.
Entonces vendría la paranoia, porque nadie sabría quién habla con quién, quién graba a quién o quién entrega información a quién.
Los abrazos políticos serían revisados con detector de mentiras y hasta el café de la mañana en los desayunaderos despertaría sospechas.
El Senado, por ejemplo, donde Adán Augusto López ocupa un escaño, maneja información muy importante de nuestro país y, una situación de esa naturaleza, pondría en una situación complicada al gobierno.
Aquí lo más importante sería saber si una “colaboración” de este tipo del exlíder de la Jucopo del Senado pondría a temblar a Andrés Manuel López Obrador y sus hijos, o lo exhoneraría para dirigir los misiles hacia Claudia Sheinbaum.
De igual manera, en Chiapas, donde Rutilio Escandón gobernó durante una etapa marcada por la violencia entre grupos criminales, las consecuencias también podrían ser impredecibles si alguna investigación internacional revelara redes de complicidad o información sensible.
Es decir, las repercusiones alcanzarían tanto al ámbito político como al de la seguridad y, por supuesto, aparecería el inevitable choque diplomático.
México exigiría explicaciones por la actuación de agencias estadounidenses, mientras Washington defendería sus investigaciones. La cooperación bilateral en materia de seguridad volvería a convertirse en un campo minado.
Desde luego hay que aceptar que, hasta hoy, todo esto pertenece al terreno de las hipótesis, pues no existe evidencia pública que confirme esas versiones, pero la simple circulación de estos señalamientos ya abrió una grieta en el discurso oficial y alimentó el debate político.
El peligro de esto es que a veces un rumor no derrumba gobiernos, pero sí siembra dudas, y cuando la desconfianza habita dentro del mismo grupo gobernante, cualquier movimiento parece sospechoso.
Mientras unos niegan los dichos, muchos especulan y otros esperan pruebas, la sensación es la de un barco navegando entre la neblina donde nadie sabe con certeza si enfrente hay mar abierto o un enorme iceberg.
Sassón
Parece que más de uno empieza a buscar el chaleco salvavidas antes de que suene la alarma. Adán podría sacrificarse por su “hermano” y enterrar a quien consideran que no los ha defendido.
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