TRANSARENCIA
POLÍTICA
Erwin Macario
El domingo 6 de junio de 2027, en Tabasco, no sólo se elegirán seis diputados federales, 35 diputados locales y 17 presidentes municipales: se votará la sucesión de Javier May Rodríguez y la continuidad del proyecto de Morena.
Estará en juego, pues, el futuro. Por eso atacan las decisiones políticas como el autorizar reelecciones de diputados locales y alcaldías. “Buscan perpetuarse en el poder”, zahieren desde la oposición ante la fuerza electoral de quienes gobiernan. Olvidan que obtener y conservar el poder es el principal fin de la política. Servir o no servir al pueblo es el resultado, que se paga precisamente en las urnas.
Y si de sucesión se trata, que mejor que volver a Maquiavelo, del que se colige que “elegir sucesor” no es un trámite familiar, de sangre. Es la decisión política más importante para quien gobierna. Si te equivocas en preparar tu “retiro” del poder, todo lo demás que hiciste no importa.
Ni las instituciones bajo tu férula, ni las leyes a tu modo, ni tu posible buen gobierno, son suficientes para mantener el poder, si no el elegir bien a los que cuidarán la sucesión, tu sucesión. Un solo mal heredero tira todo tu trabajo.
Si dejas el Estado en manos de un heredero sin virtù —sin fuerza, astucia y capacidad militar— entonces “la fortuna” se lo lleva todo. El error no es confiar en las leyes, es confiar en la sangre.
En El Príncipe, se critica a los reinos hereditarios, los que se confían ciegamente en el derecho de sangre. Es mejor un príncipe nuevo, que se ganó el trono con “virtù”, que un hijo que lo hereda sin mérito. Por eso admiraba a César Borgia.
Y la virtù de Maquiavelo no es sino fuerza, astucia y capacidad. No debes elegir a débiles, inexpertos… o viciosos. A los que, desde su alcoholismo, por ejemplo, sueñan con el dedo del poder, para elegirlos o para equivocarse y buscar en los enemigos al menos las migajas de la mesa del poder. Ya hemos dicho en estas entregas, hay partidos que reciclan la basura, los lixiviados de la política. Algunos todavía esperan el dedo de Morena o incrustarse en algún partido opositor. Fracasados.
Además de echado pa´ delante, no temeroso y apaniaguado, vividor de las sobras del poder, el candidato debe saber ganarse al pueblo, y eso se ve; si no tiene esas cualidades, los enemigos de fuera y los de adentro lo harán presa fácil en las urnas.
Maquiavelo lo dice, duramente, hasta con crueldad, en el capítulo XXIV de El Príncipe: “Los príncipes que han hecho grandes cosas han sido los que tuvieron poco respeto a la fe y a la religión, y supieron con astucia someter el ánimo de los hombres. Al final vencieron a los que confiaron en la lealtad. De donde se concluye que es necesario a un príncipe saber usar bien de la bestia y del hombre… Pero hay que saber disfrazarlo bien”. No hay contradicción. No se puede decidir, y menos por el derecho de sangre de otro.
El caso que más le dolía a Maquiavelo era César Borgia. Lo puso como ejemplo perfecto de príncipe que hizo todo bien… excepto no poder elegir/entrenar a su sucesor porque murió enfermo. Ahí Nicolás Maquiavelo dice: hasta el más capaz fracasa si no asegura la sucesión.
El Príncipe enferma a muchos. Pero es lectura obligada, y no sólo como historia. Enseña a separar lo que debiera ser de lo que en realidad quieren que pase, sin la fuerza para imponer decisiones fallidas. Ingenuidad y muchas veces soberbia de quienes tienen intenciones que no les darán
resultados favorables. Peligro en las elecciones del 2027 para la sucesión del 2030, que con el proyecto de Morena estarán en juego en las boletas del 6 de junio del año entrante.

