El banco más grande de México enfrenta una pregunta que nadie ha podido responder: ¿quién controla, cuánto cuesta y qué obtiene el país a cambio?
Por: J. L. Amésquita P.
Los discursos en México siempre suelen estar repletos de promesas que logran obnubilar la mente de sus beneficiarios…Bondades que prometen mejorar la vida cotidiana de la ciudadanía con soluciones casi mágicas…La realidad siempre rebasa a la promesa y entonces el político prefiere seguir ensanchando el margen de su promesa, aunque eso represente a la larga un daño al patrimonio nacional…Dentro de esa categoría podemos enumerar al Tren Maya, la Refinería Olmeca y del que abordaremos con mayor profundidad en éste análisis, el Banco del Bienestar…Cuando el gobierno de Andrés Manuel López Obrador transformó Bansefi en el Banco del Bienestar, muchos mexicanos aplaudieron esa acción al considerar que esa nueva institución bancaria acercaría los servicios financieros a las comunidades más apartadas del país…A varios años de su creación, el Banco del Bienestar se ha convertido en una de las obras más emblemáticas de la llamada Cuarta Transformación, su presencia territorial supera por mucho a la de los bancos privados…Sin embargo detrás de las cifras oficiales comienza a surgir una pregunta incómoda, ¿Banco del Bienestar para quién?…Porque una cosa es construir edificios y otra muy distinta garantizar que funcionen correctamente…Las quejas de los usuarios son conocidas, cajeros automáticos fuera de servicio, problemas de conectividad, largas filas, falta de efectivo y un “rosario” de inconvenientes…Muchos adultos mayores tienen que recorrer largas distancias para poder disponer de sus apoyos sociales y les resulta angustiante encontrarse con sistemas caídos o sucursales con servicios limitados…Ante esa realidad, de nada sirve presumir la red bancaria más grande del país, si la experiencia de miles de usuarios sigue marcada por las dificultades operativas…
La eficiencia de un banco no se mide por el número de sucursales inauguradas, se mide por la calidad del servicio que presta…Ese es sólo uno de los inconvenientes que se encuentra dentro de la operatividad del también llamado “banco del pueblo”…Otro es el tema de las sanciones y observaciones regulatorias impuestas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores por incumplimiento de obligaciones prudenciales; registros contables incorrectos; no observar de forma estricta la Ley de Instituciones de Crédito; fallas en los procesos crediticios y por omitir o no conservar debidamente documentos y autorizaciones de los usuarios…Desde 2020 a 2026 el Banco del Bienestar viene acumulando un histórico de 30 sanciones que les ha derivado en multas que ascienden a un total de 13 millones 859 mil 756 pesos…El Banco del Bienestar tiene derecho a recurrir las sanciones, impugnar las multas, en suma, tiene todo el derecho como cualquier institución bancaria a defenderse…Lo que llama la atención es la incomodidad que parecen generar las observaciones en las altas esferas del morenismo, porque si este banco aspira a ser considerado una institución financiera seria y profesional, entonces también debe aceptar ser evaluada bajo las mismas reglas que a cualquier institución bancaria…En este momento quizá el tema más interesante no sea el de las sanciones, quizá la verdadera incógnita se encuentre en la estructura de poder del propio banco…Formalmente existe un director general, cargo que ostenta un tabasqueño, Víctor Lamoyi Bocanegra, un economista reconocido, con sólida formación académica y una trayectoria profesional que difícilmente pueda calificarse como improvisada…Ahí se abre un cuestionamiento difícil de dilucidar, cómo explicar los problemas operativos y las observaciones regulatorias que han acompañado al banco, teniendo a un experto financiero al frente de la dirección de esa institución…También surge otra interrogante, ¿tiene realmente el director general el control pleno de la institución?…¿ O estamos frente a una estructura donde la responsabilidad formal recae en una persona mientras las decisiones fundamentales se encuentran dispersas entre distintos centros de poder?…Porque una cosa es dirigir un banco y otra muy distinta es coordinar una organización donde confluyen intereses políticos, financieros, administrativos y militares…Todo parece indicar que su director general está acotado, se ha convertido tan sólo en un “administrador de crisis”, pues no se puede concebir que con su pericia se cometan “errores” que deriven en sanciones pecuniarias…Con todos estos “desaciertos” surgen interrogantes provocativos y tal vez irritantes para la administración, ¿quién manda dentro del Banco del Bienestar y cuánto nos está costando descubrirlo?…Hasta la próxima.


