Tiempo de Política
Salvador Fernández Nieto
El presidente Donald Trump se atribuye una victoria suya el acuerdo del fin de la guerra contra Irán, que EU conjuntamente con Israel comenzaron contra el país persa.
Pero son los iraníes quienes se atribuyen la victoria militar, por los daños infringidos a las bases de EU ubicadas en los países del Golfo Pérsico y en territorio israelí con su lluvia de drones.
El rechazo de los ciudadanos estadounidenses, incluidos sus partidarios, fue contraproducente para los dividendos político-electorales que pretendió el desesperado Trump, por sus fracasos en la fallida recuperación del Canal de Panamá; la compra o invasión de Groenlandia, la técnicamente guerra perdida en Ucrania.
Para subir sus bonos electorales con miras a los comicios de noviembre, a Donald Trump le quedan México y Cuba como piñatas para repartir colación a sus potenciales votantes.
En el caso de México está la vía económica con el amago a no firmar la revisión del TMEC, un acuerdo comercial que difícilmente se truncará por razones político-electorales del presidente. En EU economía mata política.
El segundo punto es el de la seguridad que seguramente se retomará con mayor fuerza en el discurso y las acciones del vecino país en contra del nuestro, con la figura de los cárteles denominados organizaciones terroristas y a la solicitud de extradición de más “narcopolíticos”, con pruebas o sin pruebas. A Nicolás Maduro nunca le probaron que pertenecía a un inexistente “Cartel de los Soles” en Venezuela. Pero la mayor reserva de petróleo del mundo será explotada por EU.
Este tema tiene más atractivo para la sociedad del vecino país por las 100 mil muertes al año, víctimas del consumo del fentanilo presuntamente traficado desde que México, sin sumar convenientemente entre las causas que la demanda la distribuyen organizaciones criminales de los EU.
No se puede negar la parte de la oferta de este lado de la frontera, pero hay hipocresía al omitir en el discurso la distribución de la droga en el medio centenar de estados por cárteles gringos que también deben ser considerados “organizaciones terroristas “en su propio territorio. Es vieja, pero no menos cínica, la afirmación: “Sí, pero son nuestros cárteles”. Ahí está la prueba con el expresidente hondureño sentenciado por narcotráfico Orlando Hernández, indultado por el doble cara de Trump, con la encomienda de crear una red para ataques digitales en contra del gobierno de México.
En este contexto se espera se arrecien señalamientos y peticiones “con carácter urgente” de políticos mexicanos presunta o realmente vinculados a organizaciones criminales. Para el efecto, aplica igual.
El caso de Sinaloa es patético. ¿Por qué pidieron licencia el gobernador Rubén Rocha Moya y el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil , si no tenían algo que temer?
¿Igualmente, si no tenían culpabilidad alguna, por qué se entregaron en los EU tres colaboradores cercanos del mandatario Rocha Moya: Enrique Díaz Vega, exsecretario de Administración y Finanzas; Gerardo Mérida Sánchez , exsecretario de Seguridad Pública y Marco Antonio Almanza Avilés, exjefe de la Policía de Investigación de la Fiscalía General del Estado de Sinaloa.
Lo cierto es que las bravuconadas mediáticas del presidente Trump, las secundan sus funcionarios.
La declaración más reciente es de Sara Carter, directora de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de EU:
“Y por cierto, ahora mismo, ya saben, estamos atacando a la gente de Sinaloa, a todos los funcionarios del gobierno que forman parte del clan Culiacán, que han protegido al Cártel de Sinaloa, a Los Chapitos y a Los Mayitos y a toda la operación de Joaquín Guzmán. Podemos hacerlo porque el gobierno mexicano, como muchos gobiernos de nuestro hemisferio, sabe que el presidente Trump cumple su palabra, sin duda alguna. Si él dijera: ‘vamos por ustedes, si no cooperan los vamos a atacar y se van a arrepentir’”.
Se han mencionado recurrente a tres figuras: los gobernadores de Sonora, Alfonso Durazo; de Tamaulipas, Américo Villareal y al exmandatario de Morelos, Cuauhtémoc Blanco.
TIEMPO FUERA.- Es tiempo de recordar la afirmación del jurista José Ramón Cossío en torno a las reiteradas declaraciones de Claudia Sheinbaum contra la injerencia extranjera y de que “vienen por unos y luego por otros”. La insistencia se debería, afirma el exministro de la Suprema Corte, a que la presidenta ya tiene información de que “vienen por un grande y ya tiene lista la explicación desde Palacio Nacional de: “Se los dije, se los advertí”.

