Armagedón
Alfredo A. Calderón Cámara
“¡Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía!” Isaías 10:1
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La reaparición de Adán Augusto López Hernández en Tabasco no puede analizarse como una simple visita social ni reducirse a la inauguración de un salón para eventos. En política, los lugares, las compañías, los silencios y hasta las fotografías comunican. Mucho más cuando quien reaparece arrastra una espantosa crisis de credibilidad relacionada con la designación de un secretario de Seguridad hoy procesado por delitos graves y señalado por las autoridades como presunto dirigente de una organización criminal
Adán Augusto no regresó a una plaza pública, no convocó a una conferencia de prensa, no se reunió abiertamente con víctimas de la violencia ni ofreció una explicación detallada sobre el periodo en que gobernó Tabasco. Apareció -como las zorras en una madriguera- él en un ambiente privado, protegido por el protocolo social, sólo entre personas de su extrema confianza y lejos del incómodo ejercicio de rendir cuentas
Ubiquemos: el 20 de julio de 2026 filtró una fotografía dónde se informó su presencia en la inauguración del Salón Casa Azul, en Villahermosa, un espacio vinculado al hotel boutique del empresario y exfuncionario José Antonio de la Vega Asmitia. La visita adquirió relevancia precisamente porque ocurrió después de meses de desgaste político, investigaciones periodísticas y cuestionamientos relacionados con Hernán Bermúdez Requena. No fue, por tanto, una aparición inocente. Fue una escenificación política
La presencia de Adán Augusto López en Casa Azul parece insertarse en esa tradición de mensajes cifrados para iniciados. El mensaje hacia su grupo de poder puede interpretarse así: sigo aquí, puedo regresar, todavía tengo aliados, aún existen puertas que se abren cuando llego. Eso parece significar que existe un plan conspirativo cocinado entre copas, canapés y discursos empresariales. En su esfera de poder López Hernández se siente tan sofisticado como él mismo se imagina
La elección de un espacio privado le permitió presentarse sin exponerse. Estuvo en Tabasco, pero no ante Tabasco. Regresó al territorio, pero no compareció ante la sociedad. Se dejó ver, aunque con el cinismo clásico de no dejarse interrogar. Es la estrategia de la presencia sin rendición de cuentas de un hecho que no admite escapatoria retórica: Adán Augusto López Hernández nombró personalmente a Hernán Bermúdez Requena como secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de Tabasco el 11 de diciembre de 2019
Bermúdez Requena no fue un funcionario heredado, ni un mando menor ni un policía perdido entre la burocracia. Desde los tiempos de Manuel Gurría, siempre a lado de Jaime Lastra y Adán Augusto, Bermúdez Requena fue parte de la triada responsable de proteger la vida, el patrimonio y la tranquilidad de los tabasqueños. Conviene ajustar la cronología, porque la verdad no necesita adornarse con fechas imprecisas
La Fiscalía de Tabasco en tiempos de Adán Augusto nunca investigó a Bermúdez Requena, fue hasta noviembre del 2024 -en tiempos de Javier May- que se abrió una carpeta de investigación. La orden de aprehensión fue obtenida en febrero de 2025 y su existencia fue confirmada públicamente por el secretario federal de Seguridad, Omar García Harfuch, el 22 de julio de ese año. Bermúdez era buscado por asociación delictuosa, extorsión y secuestro, además de ser señalado como presunto integrante y dirigente de La Barredora
Fue detenido en Paraguay en septiembre de 2025. Desde entonces enfrenta procesos judiciales en México. Adán Augusto haciéndose el ingenuo ha negado tener vínculos con La Barredora. A partir de ahí comienza la responsabilidad política del por qué lo protegió. Definamos: la responsabilidad penal no se presume; la política sí se evalúa: no existe, al menos públicamente, una sentencia judicial que declare a Adán Augusto López cómplice de Hernán Bermúdez o integrante de La Barredora. Pero la ausencia de una sentencia penal no elimina la responsabilidad política
Adán Augusto no puede ser declarado delincuente -al igual que el inútil de Merino Campos- únicamente porque Bermúdez Requena resultó ser el dirigente de una organización criminal. Sin embargo, sí deben responder por haberlo nombrado, sostenido, fortalecido y colocado al frente de las capacidades operativas, tecnológicas y de inteligencia del Estado. La pregunta política no es solamente si Adán Augusto y Merino Campos participaron directamente en delitos
La pregunta que todo Tabasco y México demandan una respuesta creíble: es cómo pudo funcionar La Barredora desde la institución encargada de combatirla sin que Adán Augusto ni Merino Campos detectaran nada, recibieran información, observaran anomalías o escucharan las advertencias que circulaban dentro y fuera del aparato público ¡Retrasados mentales no son! Adán Augusto ha sostenido que durante su gobierno no recibió reportes que identificaran a Bermúdez como dirigente criminal. Esa es su infantil defensa
Sin embargo, documentos de inteligencia divulgados públicamente describieron desde años anteriores una penetración de estructuras criminales en áreas de seguridad de Tabasco. Un informe del Centro Regional de Fusión de Inteligencia de julio de 2021 advertía que el crimen organizado podía aprovechar capacidades operativas, tecnológicas y de información del Estado. Esos informes llegaron hasta las mismas barbas de Adán Augusto, todo indica que fue informado y no actuó; por ello, la situación es todavía más grave
En cualquiera de los escenarios, la explicación de “yo no sabía” resulta insuficiente. Puede funcionar como defensa penal mientras no existan pruebas en contrario, pero es devastadora como confesión de incapacidad gubernamental. Porque un gobernador que no sabe que su jefe policiaco presuntamente dirige una organización criminal no queda absuelto políticamente. Queda exhibido como un gobernante desconectado, negligente o incapaz de controlar su propio aparato de seguridad
El caso Bermúdez encierra a Adán Augusto en un dilema sin salida honorable, su reaparición desde las siniestras sombras con ese tétrico equipo, indica que los demonios andan sueltos, Drácula regresa al ver la casa limpia y trae delegados políticos con vista a los tiempos electorales. La foto -según su naturaleza- definió uno de sus escondrijos de lujo. Ubicando a Casa Azul como: la madriguera política de Adán Augusto
SEPTIMO SELLO
El retorno y la presencia de José Antonio de la Vega Asmitia exige un análisis igualmente cuidadoso. De la Vega formó parte del gobierno de Adán Augusto como secretario para el Desarrollo Energético y posteriormente como secretario de Gobierno. Cierto es que ha permanecido en taimado silencio, pero por la naturaleza de esos cargos, fue una figura central del aparato político estatal. Eso justifica inevitables preguntas políticas, aunque no justifica presentarlo automáticamente como integrante o protector de una organización criminal
Hasta ahora no aparece públicamente acreditada una participación penal de José Antonio de la Vega en La Barredora. La cercanía política, la amistad o el desempeño de un cargo no constituyen por sí mismos prueba de complicidad criminal. Sin embargo, el secretario de Gobierno no es un florero decorativo. Es, ordinariamente, el responsable de la gobernabilidad interna, la relación con municipios, la interlocución política y la coordinación institucional
SEPTIMA TROMPETA
Si durante aquel gobierno se consolidó La Barredora -cómo así sucedió- dentro de la seguridad pública, resulta legítimo preguntarle qué información conoció, qué conflictos detectó, qué reportes recibió y qué medidas propuso. No se trata de condenarlo por asociación social. Se trata de exigirle explicaciones por responsabilidad institucional. Su papel como anfitrión de la reaparición de Adán Augusto tampoco acredita delito alguno. Pero sí ayuda a reconstruir la permanencia de una red política
Las fotografías muestran que el adancismo no está completamente disuelto. Conserva vínculos empresariales, sociales, burocráticos y afectivos. Quizá ha perdido parte del poder formal, pero mantiene puntos de apoyo que se mueven para desacreditar al gobierno de Javier May, son una especie de lepra que demasiado daño le hicieron a Tabasco. En política, las estructuras raramente mueren cuando su líder pierde un cargo
SEPTIMA COPA
Se repliegan, cambian de nombre, se refugian en negocios, notarías, despachos, asociaciones civiles, medios, partidos pequeños y relaciones familiares. Esperan que pase la tormenta y después regresan vendiéndose como una alternativa renovada. La memoria pública, lamentablemente, suele durar menos que un discurso de campaña. Para el grupo de Adán Augusto, la exposición del caso Bermúdez significó una traición interna
Su sequito han querido presentar al actual gobierno como responsable de una campaña de desprestigio. Es una defensa bastante pintoresca: culpar al mensajero de que el Genaro García Luna de Adán Augusto fue detenido y procesado. Habrá que entender: Javier May no nombró a Hernán Bermúdez. Javier May no lo sostuvo como jefe policiaco. Javier May no gobernaba cuando los informes de inteligencia advertían sobre la penetración criminal en instituciones de seguridad. Demasiada sangre de tabasqueños que clama justicia desde la tierra heredó el sexenio de Adán Augusto

