La noticia corrió primero entre colegas, luego en portales y redes: Catherine O’Hara, la mamá de Kevin muere a los 71 años en su casa de Los Ángeles tras una breve enfermedad. En cuestión de horas, fragmentos de “Home Alone”, escenas de “Schitt’s Creek” y fotos de alfombras rojas comenzaron a circular como si el público quisiera sostenerla un poco más en pantalla. No hubo detalles médicos exhaustivos, pero sí una certeza compartida: se fue una actriz que convirtió la exageración en un arte preciso y, al mismo tiempo, dejó personajes que se sienten familiares.
De Toronto al corazón de Hollywood
Catherine Anne O’Hara nació en Toronto en 1954, en una familia numerosa de origen irlandés donde el humor funcionaba como idioma cotidiano. Desde joven encontró un refugio y un reto en la improvisación de Second City, el semillero que la llevaría a “SCTV” y al contacto con comediantes como John Candy, Eugene Levy, Rick Moranis y Martin Short. Ese taller de televisión no solo le dio oficio, también le abrió la puerta a una manera de trabajar en la que el error servía como combustible para una nueva versión del chiste. Con los años, la actriz se movió de esos estudios modestos a sets de gran presupuesto sin perder ese pulso artesanal.
La mamá que olvida a Kevin y la actriz que no se repite
Para gran parte del público, Catherine O’Hara, la mamá de Kevin, muere a los 71 años pero seguirá en cada maratón de “Home Alone”. La imagen de Kate McCallister corriendo por aeropuertos, peleando con aerolíneas y gritando el nombre de su hijo se volvió un ritual de fin de año en canales de todo el mundo. Lo que pudo ser una madre despistada más terminó siendo una figura reconocible, nerviosa, culpable y al mismo tiempo decidida a cruzar medio planeta de ser preciso para regresar con su hijo.
En paralelo, O’Hara encontró espacio para personajes mucho más retorcidos, desde la artista plástica de “Beetlejuice” dirigida por Tim Burton hasta las esposas, managers o cantantes caídas en desgracia de los mockumentaries de Christopher Guest. En esas películas, la actriz tocó los límites de lo ridículo sin perder la humanidad de sus personajes, y demostró que no necesitaba protagonizar grandes sagas para quedarse en la memoria del público.
Moira Rose, premios y consagración tardía
Ya entrada en la madurez, O’Hara se topó con un papel que la catapultó de nuevo al centro de la conversación: Moira Rose en “Schitt’s Creek”. La ex estrella de telenovelas venida a menos, con pelucas imposibles y un vocabulario teatral, le permitió jugar con acentos, gestos y silencios que parecían llevar décadas guardados. Ese trabajo le dio el Emmy a mejor actriz en comedia, un Globo de Oro y un premio del Sindicato de Actores (SAG), pero sobre todo la acercó a una audiencia joven que la conocía poco o nada.
Fuera de cámaras, la actriz cuidó su vida privada con discreción. Siempre que podía desviaba las preguntas hacia el trabajo de sus colegas, la complicidad con su esposo y la vida con sus dos hijos. Mientras tanto, su nombre aparecía también en reconocimientos oficiales, incluida su incorporación a la Orden de Canadá, donde se le reconoció como una figura que llevó el humor canadiense mucho más allá de sus fronteras.
Una muerte discreta, un legado notorio
El anuncio de su muerte llegó a través de su agencia, Creative Artists Agency (CAA), con un comunicado sobrio que contrastó con la lluvia de anécdotas y recuerdos que siguió en redes sociales. Compañeros de reparto, directores y guionistas contaron chistes internos, escenas improvisadas y pequeñas decisiones de último minuto que terminaron definiendo personajes enteros. En esa mezcla de duelo y gratitud se dibuja la medida real de su trayectoria: una actriz capaz de sostener una escena con un solo gesto de incomodidad o con una línea que llega como golpe seco.
Catherine O’Hara, la mamá de Kevin, muere a los 71 años, pero deja una filmografía que seguirá en rotación constante en canales, plataformas y salas caseras. Mientras haya un niño mirando por primera vez “Mi pobre angelito” o alguien descubriendo “Schitt’s Creek” en una madrugada de insomnio, su trabajo seguirá encontrando nuevas miradas.
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